Las esquinas de la revolución

La Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense tiene ese aire venerable que, posado sobre los edificios, hace pensar que entre sus paredes jamás se dirá una mentira. Hace unos años, cuando la crisis todavía no le había robado el espacio a lo simbólico, le restauraron la vidriera alegórica y eso reforzó todavía más su aura docta. No era raro ver en su hall, yo mismo he curioseado en ellos muchas veces, discursos metafísicos, clases peripatéticas y conferencias informales. En los últimos años, las consignas le han robado el espacio al pensamiento (¡adiós, lectores fanatizados!) y en sus baldosas reposan culos cuyas cabezas proclaman en muy alto muy discutibles cosas. Y a pesar de todo... este texto en una columna:

"A LOS MORALISTAS DE LAS ASAMBLEAS

Cuando pienso en esa ansia de actuar que excita y aguijonea incesantemente a millones de jóvenes europeos, incapaces de soportar el aburrimiento o de soportarse a sí mismos, entonces comprendo que ha de existir en ellos un ansia de sufrir para extraer de su sufrimiento una supuesta razón para emprender una obra o acción. ¡Es preciso que exista la miseria! De ahí el griterío de los políticos, de ahí muchas "situaciones de miseria" de toda especie, falsas, inventadas y exageradas junto con la ciega disposición a creer en ellas. El mundo joven desea que desde afuera no venga ni se haga ostensible algo así como la felicidad, tan sólo la infelicidad. Su imaginación está ya ocupada de antemano en formar previamente un monstruo. Si estos codiciosos de miseria sintiesen en sí mismos la fuerza para hacerse bien a ellos mismos desde su interior, y de procurarse algo, también serían capaces de proporcionarse desde dentro una miseria particular, y propia. Sus invenciones podrían ser más sutiles, sus satisfacciones podrían sonar para ellos como buena música, ¡mientras ahora llenan el mundo hasta rebosar con sus gritos de socorro y, en esa medida, demasiado a menudo con el sentimiento de la miseria!

No saben cómo emprender algo consigo mismos, y así pintan la desgracia de los otros en las paredes. Tienen siempre necesidad de otra cosa; luego, de otra y de otra.

-Perdón, amigos, me he atrevido a pintar mi felicidad en las paredes.

Friedrich Nietzsche.
El ansia de sufrir de  La gaya scienza".

La revolución, por fortuna, es hija de mil padres.



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